Krzysztof Kieslowski: la luz al final del tunel de una generación Piotr Jaxa-Kwiatkowski, director de fotografía y camarada del cineasta, habla del artista fallecido hace dos años. Entrevista con Alberto Valero Conversar sobre Krzysztof Kielowski, dos años después de su muerte, con su gran amigo y camarada Piotr Jaxa-Kwiatkowski, fotógrafo y cineasta polaco nacido en 1945, ayuda a comprender la complejidad de un creador cuya desaparición da alas al mito e impulsa a los especialistas a dedicarle vastas monografías y a los aficionados a consignar en las páginas internet (http://homepage.iprolink.ch/piotjaxa/index.htm) el testimonio de una creciente admiración, veces hasta reverencial. Jaxa-Kwiatkowski, él mismo un artista notable, compartió con Kieslowski la escuela de cine de Lodz y tuvo la suerte y el privilegio invalorables de asistirlo como director de fotografía a lo largo de dos décadas de actividad profesional que coinciden con la lucha de Polonia por liberarse del poder comunista y la hegemonía soviética. Casado con una simpática caraqueña, Jaxa-Kwiatkowski estuvo en Venezuela en las navidades y fué entonces, en torno a un bigos - el apetitoso plato con que suelen sus compatriotas enfrentar el crudo invierno- cuando rememoramos la camaradería con el auténtico maestro que fué Krzysztof Kieslowski e intentamos valorar el impacto de su personalidad en el cine mundial. En la Escuela de Lodz Concluimos nuestros estudios de cine en 1970, cuando Edward Gierek reemplazó a Gomulka, a quien considerábamos muy conservador y carente de visión,como Primer Secretario del Partido Comunista. Pero Polonia andaba económicamente muy bien porque Gomulka no era una persona inclinada a gastar el dinero en cosas suntuarias Claro que nosotros,que habíamos crecido viendo tantos productos importados accesibles sólo en las tiendas en divisas, estábamos sedientos de una vida mejor. Crecimos en un sistema que rechazábamos pero comprendíamos que gracias a él pudimos educarnos y para muchos que lo comparaban con la pre-guerra significaba un progreso. Los intelectuales que aspiraban a mayor libertad, combatían al sistema y la escuela de Lodz era un islote de donde salían gentes de pensamiento libre con vastos horizontes gracias a un equipo de profesores y un espíritu de libertad increíbles.Allí se tocaba jazz, se veían las mejores películas occidentales que no se mostraban al público, entrábamos en contacto con los mejores literatos, como García Márquez porque era obligatorio conocer la literatura sudamericana, asiática y occidental en general.Estábamos al margen del racismo político, aunque la ola antisemita del 68 forzó a muchos profesores excelentes a dejar la escuela. Una madurez temprana Krzysztof fué alguien mucho más maduro que nosotros,desde el propio comienzo.Era apenas un año mayor que yo pero desde que nos hicimos amigos fué la relación con un hermano mayor por quien conservé un enorme respeto hasta el final a medida que, poco a poco, se fué convirtiendo en un visionario muy importante para toda la generación de los 60.Tuvo que luchar mucho porque venía de una familia pobre y decidió casarse muy joven y fué correcto en cada paso de su vida. Todos estábamos inclinados a mostrar cuanto odíabamos el sistema; él, en cambio no demostraba odio sino respeto, como por ejemplo el personaje en El Punto de Vista de un Portero que todos calificamos rapidamente de facista. El, en cambio, dudaba, pensando que era parte de todos nosotros, porque la fuerza de Krzysztof consistió en no erigirse en juez, y por eso hay tanto rechazo al personaje de Tringtignant en Rojo. EnTrabajadores 71 ( sobre las huelgas en los astilleros de Sczeczin) los aparatchik aceptaron que mostráramos los problemas obreros unicamente porque ellos querían desplazar a los dirigentes en el poder y nos manipulaban. Kieslowski, en cambio, descubrió lentamente el peligro de esa crítica facilista, y éso lo condujo de inmediato a quedarse solo. Fué entonces cuando realizó algunos de sus mejores cortometrajes en que presenta las dos caras de la situación, sin maniqueismo. Rumbo a la fama El primer premio se lo deparó El Aficionado en Moscú,en 1979, un premio muy peligroso porque lo convertía en un artista vinculado al sistema, si bien fué entonces cuando comenzó a emplear toda su sensibilidad, conocimiento y honestidad que ahora, después de su muerte, genera tanta curiosidad entre la gente joven,porque fué un hombre que jamás golpeó al caído ni a un sistema que colapsaba aceleradamente y al que era fácil golpear, como hacíamos muchos de nosotros. Poco a poco fué ganando fama pero no fortuna y yo recuerdo que llegó a Suiza, donde yo vivía después de algún tiempo, para dar un seminario sobre guionística como manera de ganarse la vida, especialmente en el periodo de la ley marcial después del golpe militar de 1981 cuando decidió no hacer más películas. Después vino la época de La Doble Vida de Verónica y la trilogía de los colores y volvimos a trabajar juntos. Cuando él me lo propuso yo no estaba en absoluto interesado porque significaba interrumpir por nueve meses mis actividades fotográficas, pero hoy reconozco que fué un regalo fantástico de su parte, que me dió la ocasión de apreciar su trabajo. Cansancio Pero,también,pude ver hasta qué punto estaba fatigado y hallaba refugio en el cuarto de montaje, donde le hice muchas fotos porque lo veía verdaderamente a sus anchas. Estaba cansado de la presión derivada del éxito en occidente y lo demostraba con una actitud muy agresiva en los festivales internacionales contra el público que preguntaba cuestiones simples y él lo trataba como estúpido, pero tenía que hacerlo para promocionar las películas. El comprendió que el público no estaba interesado en sus opiniones y, al mismo tiempo, que tenía por primera vez seguridad financiera, emocional y moral suficiente y que no tenía por qué participar y actuar en un mundo que hallaba más y más vacío. Poco a poco, en tanto que cineasta, se fué decepcionando de la gente que lo veía como un imán taquillero, cosa que a él no le interesaba, y cuando anunció su retiro la reacción fué afirmar que se trataba de una maniobra, lo cual no era cierto porque él era muy serio para jugar. Y, además, comprendió que su salud no era lo buena que hubiera deseado y dejó de fumar con un enorme esfuerzo (en el set de la trilogía, por ejemplo, se nos prohibía a todos fumar, excepto a él que lo hacía sin parar, e hice una fotografía suya delante de tres ceniceros atiborrados de colillas) y aceptó una operación de by pass, pero no en Suiza o los Estados Unidos sino en un hospital ordinario. Con eso y el trabajo en nueve películas que hizo para demostrar su valía, se destruyó a sí mismo, porque después del rodaje revisaba los rushes y luego se encerraba con nosotros en el cuarto de montaje, en un proceso que fué imposible contener. Constantes de su personalidad Kieslowski fué alguien con un maravilloso sentido de la oportunidad que hizo todo, absolutamente, en el momento correcto.Nunca muy temprano ni demasiado tarde. Estaba maduro cuando ingresó a la escuela de cine y nunca se planteó graduarse como algo consagratorio.Había otras personajes mucho más atractivos que él. Nunca se preocupó por el dinero, aunque sabíamos las estrecheces que pasaba y que vendía su sangre y trabajaba por las noches paleando carbón en la estación ferroviaria, y su generosidad lo fué convirtiendo en inspiración de cineastas de las generaciones más nuevas. El conservó muchos de sus rasgos iniciales como alguien que trató siempre de existir en un ambiente dominado por Wajda y Zanussi, representantes oficiales del cine polaco. Por supuesto que era muy difícil competir con la fortaleza que Wajda representaba, ya que él monopolizaba la asistencia a los festivales occidentales donde un triunfo servía para continuar produciendo pués constituía una suerte de ennoblecimiento. Recuerdo que otros como Zydgadlo, Piwowski y, por supuesto, Skolimovski, fueron más famosos en esa época, mientras Polanski ya había ganado reconocimiento con Cuchillo en el Agua. Una modestia genuina Era un hombre sencillo que tenía dificultad en expresarse en diferentes idiomas pero también el fantástico privilegio de comunicarse obviando los idiomas al crear un lenguaje de imágenes que es absolutamente universal. Kieslowski era modesto. Cada uno de nosotros tiene enormes dificultades para aceptarse tal cual es realmente y por eso cabe preguntarse si él logró hacerlo, aunque es difícil encontrar en el medio del cine gente que le superara en talento. Pero conocía las limitaciones derivadas de una infancia infeliz, de quien no disfrutó de estabilidad escolar porque la familia debía seguir al padre (un ingeniero que murió de tuberculosis resultante de las privaciones de la guerra), que cambiaba de un puesto a otro, y la madre fué una modesta oficinista que falleció en un accidente de tránsito cuando él era aún pequeño. Tuvo así una hermosa escuela de respeto y dignidad en medio de aquella familia tan unida en la adversidad, y creo que lo llevó a construir una personalidad muy diferente a la de quienes sólo quieren copiar la trayectoria de Orson Welles. Filmar = Vivir Kieslowski era una persona extremadamente constructiva. Jamás he trabajado con otro realizador que fuese tan preciso como él. Nuevamente debo referirme a la época que pasamos en Lodz donde siempre estábamos juntos y eso nos enseñó que hacer una película no era una tarea de solistas sino de toda la orquesta y para él era muy importante no tanto el casting como la selección del equipo, con el cual se preparaba la película con muchísima antelación, a veces hasta dos años antes del rodaje, se tratase de ficción o documentales. Era más que una mera filmación una experiencia vital en la que nos envolvíamos con tanta intensidad que no eran necesarios excesivos preparativos en el estudio porque todos sabíamos ya lo que deseábamos obtener. Tenia un fantástico sentido del humor. Conocía los límites del color pero se rodeó siempre de los mejores fotógrafos polacos.En una ocasión, rechazó aceptarme como director de fotografía y me sentí relegado al asignarme la segunda unidad, pero hoy reconozco que eso me brindó la gran oportunidad de trabajar con tres figuras maravillosas: Sobocinski, Idziak y Kosinski. Yo no tomaría muy en serio afirmaciones (Gran Angular, Encuadre No.60) sobre su incomprensión de la música, porque Kieskowski era una persona muy precisa (bastaría recordar el terrón de azúcar que toma exactamente tres segundos en disolverse en la taza de té en Rojo) y sabía dónde quería llegar. Recuerdo que trabajábamos aún en Azul y ya Sobocinski preparaba Rojo y Kieslowski me dijo que había decidido comenzar con Idziak porque era loco,que después venía un momento de calma con Kosinski y terminaría con Sobocinski porque era joven e impetuoso. Polaco y Universal Es difícil responder dónde termina lo polaco y comienza lo universal en Kieslowski, porque, como en el afiche de Benettone que muestra tres corazones idénticos, cuando las gentes llegan a intimar se encuentran construidos con los mismos elementos y animados con los mismos sentimientos y es la educación que crea barreras de castas, que son superadas en sus films. Uno se olvida de que es polaco y muchos lo consideran francés por su trilogia. Lo polaco sería sinónimo de pobreza porque se inició en el cine en un periodo en que el país era muy pobre y para ser competitivo había que ir más allá de la gente de otras partes con recursos mas escasos. Nace el mito El mito nace frente a un personaje extraordinario, capaz de comunicarse aunque no hablaba idiomas, que nos demostró respeto y dignidad y por eso la joven generación que mira al futuro se interesa tanto por su obra. El mito nace del carácter de guía, de luz al final del tunel que Kieslowski representó para nosotros. Recuerdo haberle oido decir en una entrevista que en la escuela de cine enseñaban a hacer películas pero no a ser diferentes, y su vida estuvo marcada por esa búsqueda de la originalidad, y creo que tuvo suerte porque su honestidad le granjeó un grupo de personas que lo querían, respetaban y admiraban. Caracas, enero 98